Llega septiembre. Las hojas se agrietan, oscurecen y caen. El sol se esconde de forma cada vez más temprana. Se baja el volumen de la música y se terminan los viajes. La noche vuelve a ser fría en Segovia y las aulas recuperan el bullicio. Es el fin del verano. 

Vuelta a las clases.

Y no has leído un solo libro. 

Durante la temporada estival, es común que nuestra cabeza necesite algo menos de estimulación intelectual que durante nuestros estudios. Puede que las series de Netflix o las horas en Instagram resulten más apetecibles que una novela de Murakami. Y puede que nos sintamos culpables, aun sabiendo que merecemos un respiro. Los ojos están cansados y el mercado editorial se encuentra sobrecargado, con una oferta inabarcable en la que, en ocasiones, resulta toda una odisea encontrar el título apropiado.

Si eres de los que llevan un libro a la playa para quedar mejor en las fotografías, sigue leyendo. Si la novela de tu mesilla de noche lleva cogiendo polvo un par de meses, sigue leyendo. Si has devorado todas tus lecturas pendientes durante los meses de junio a agosto, en fin… seguirás leyendo.

A todos nos ha sucedido: una afición que pasa a segundo plano y acaba por desaparecer. Dejamos de ir al gimnasio porque no tenemos tiempo o nos olvidamos del violín porque, seamos sinceros, los vecinos nos odian. Con la lectura sucede algo parecido: una mezcla de pereza, falta de tiempo y disposición, en un mundo saturado de información. Muchas veces nos afecta más la indecisión que la propia disponibilidad de nuestra mente y horarios. Sí, es cierto que de septiembre a junio no hay mucho más tiempo que para sobrevivir y disfrutar de vez en cuando, pero estamos hablando del verano. En agosto, si tienes la suerte de disfrutar de unas buenas vacaciones, puedes probar una discoteca cada noche y aburrirte cada mañana.  

Hay ciertas pautas que suelen ayudar a que el proceso de elección sea menos doloroso. Para empezar, es necesario olvidarse de quedar bien. Vale, la gente se queda impresionada cuando dices que te has leído las obras completas de Fiódor Dostoyevski, ¿pero a ti no te gustaba la ciencia ficción? ¿O eran las novelas de misterio? ¿Asesinatos? ¿Dragones? ¿Magos? ¿Romances? ¿No eras más de cómics y novelas gráficas?

Está bien, nos hemos entendido. Eliges algo que te gusta y parece que el problema se ha resuelto, pero… oh, no. La cultura está cara; ya has comprado las entradas para el concierto de Coldplay (o el de Harry Styles o el de Metallica, puede que el de Rosalía) y no quieres alimentarte a base de arroz y pasta durante cinco meses. Se acabó el lujo de gastarse ochenta euros al mes para poder leer. Porque no hay otra opción, ¿verdad? Leer es caro, el cine es caro y la música es cara.

Aunque, pensándolo bien, puede que estés equivocado.

Porque, de hecho, en España existe un gran invento desde 1873 que te soluciona cualquier barrera económica con un simple papeleo. Sí, has leído bien, es gratis. ¡Gratis! Refúgiate del calor y el aburrimiento en cualquier biblioteca pública. Consigue una lectura apetecible en un lugar agradable. 

Comienza a asimilarse a un verdadero placer veraniego. El nudo parece desenredarse, pero es que… eres indeciso. Elegiste tu carrera universitaria a ojos cerrados, te embarcaste en tu nuevo viaje tirando un dado y hace dos años que no ves una película porque hay tantas (¡tantísimas!) que no sabes cuál será la mejor. Patrick Rothfuss te comprende: lleva más de una década decidiéndose a terminar de escribir su saga. 

No sufras, hay una solución para todo problema: juzga a un libro por su portada. Dirígete a un mercadillo o una tienda de libros de segunda mano y elige el que más te llame la atención, tenga una mejor dedicatoria o vaya a quedar divinamente en tu estantería. Si te equivocas, tu pérdida no será mayor a un par de euros y horas perdidas. Si aciertas, podrás descubrir el placer de leer por primera vez una de tus novelas preferidas. Además, es una buena opción para el medio ambiente y siempre puedes recuperar tu dinero vendiendo de nuevo tus libros usados. ¡Conviértete en un culto emprendedor (y ecologista) mientras lees Gente normal

No dejes que los meses más luminosos del año te hundan en el remordimiento. Coge cualquier papel y lee. Si no te gusta, lee otra cosa. Y si, después de retomar un buen ritmo de lecturas estivales tras seguir estos consejos, sigues sintiéndote culpable… es que ni siquiera me has leído.

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