El dinosaurio europeo y la misión de Youth4Regions

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Del 8 al 14 de octubre, pude participar en Youth4Regions, un programa de la Comisión Europea que selecciona a jóvenes periodistas de la Unión Europea y países vecinos para participar en la Semana Europea de las Ciudades y las Regiones en Bruselas. Se recibe tanto formación específica (en áreas como el MoJo o Mobile Journalism) como una experiencia laboral real de lo que supone ser un periodista en la burbuja europea. Además de eso, se escribe un artículo que es publicado en su web. El mío se puede consultar aquí. Esta es mi experiencia personal.

“Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, dijo Augusto Monterroso. Una de las frases más conocidas de la literatura moderna, fuente de confusión para expertos lo largo de los años, no ha conseguido nunca alcanzar una explicación satisfactoria. ¿Estaba el dinosaurio presente durante su sueño y nuestro personaje sigue dormido? ¿Estaba esperando pacientemente a que se despertara en su habitación, como haría una madre preocupada? Incluso si tenemos en cuenta el elevado precio de los alquileres, ¿es deseable tener una enorme criatura prehistórica como inquilina? A día de hoy, estas preguntas continúan sin respuesta. Sin embargo, no existe motivo para sufrir por la obra maestra de Monterroso. La cuestión que nos ocupa es el dinosaurio, que recientemente tuve el placer de descubrir en Bruselas. 

Detrás de la Comisión Europea, se esconde un dinosaurio. En mitad de la burbuja europea, descansa la representación de la peor de las pesadillas (guerra, recesión, crisis energética, populismo) y el mejor de los sueños (multilateralismo, cooperación, cohesión, solidaridad). Cuarenta jóvenes periodistas, con diferentes estudios y pasiones, han podido colarse en la guarida de la bestia. Me considero lo suficientemente afortunada como para decir que la expedición, Youth4Regions, ha tenido un éxito que jamás hubiera podido imaginar.

A lo largo de nuestro camino, encontramos historias (preparadas con minucioso detalle, diseñadas para encandilarnos como sirenas homéricas) y anécdotas (sinceras gracias a su espontaneidad, inimaginables antes de emprender un viaje que ya no se dirigía a Ítaca). La información, previamente recopilada en nuestras regiones, se tambaleaba ante las indagaciones en territorio extranjero. Los nuevos retos exigían transparencia, cooperación y el deseo de no dejar a nadie atrás.

El deseo por hallar claridad nos convirtió en seres más críticos. Aprendimos que es necesario iluminar lo que se pretende ocultar, los lugares más oscuros. Se encuentran, reducidos a ruinas, los restos de lo que ya se consideraba conquistado. 

En las zonas más brillantes, nos cruzamos con personas provenientes de diversos países y disciplinas, pero con un objetivo común: el de ayudar a los nuevos aspirantes. Sólo ellos han sido capaces de indicarnos dónde debemos buscar. 

La semana pasó rápidamente, como ocurre en toda búsqueda. Las conferencias fueron acompañadas por talleres y paneles, y los acentos se mezclaban como un murmullo en el silencio de la guarida del dinosaurio. Se concedió una merecida distinción a dos prometedoras periodistas y la victoria fue celebrada por todos nosotros. Estuvimos juntos apenas siete días, pero las noches eran breves y las mañanas estaban llenas de cafeína. Las conversaciones ligeras se sucedían tras los debates pesados; teníamos mucho que discutir en muy poco tiempo.

El Parlamento parecía el mejor de los sueños y los periodistas se esforzaban por darnos las herramientas con las que hacer realidad lo que prometía. Pese a todo, lo que sucedía en alguno de nuestros hogares conseguía que imagináramos las peores pesadillas. Podíamos sentir que, fuera de Bruselas, debíamos hacer más. 

Así que hablamos. E iluminamos todo el camino que pudimos. Y escribimos y grabamos y sacamos fotos. Publicamos, compartimos y seguimos avanzando. Porque debemos hacer más. A pesar de la oscuridad, intuíamos algo grande esperando en cada esquina.

Abandonar la capital europea fue como despertarse: habíamos arrojado luz sobre las zonas en penumbra. Demostramos que, detrás de la Comisión Europea, se esconde un dinosaurio. 

Beatriz Sánchez del Río
Beatriz Sánchez del Río
Me gusta leer sobre lo que no entiendo y escuchar el mar, aunque sea de secano.

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