Kalós – bella

Tan natural y fugaz que mantenerla viva era tarea de héroes.
Tan etérea que estar en su presencia parecía ficción, y estar sin ella no era nada.
Tan mía y tuya y de todos, que reclamar propiedad es querer atrapar el mar.
Tan llena de colores, tan llena de matices, tan llena de ilusiones.
Tan imperfectamente perfecta que nunca pensamos en cambiarla.
Tan indescriptible que describirla es un intento inútil.
Tan constantemente en cambio que se nos escapan los momentos entre los dedos.
Tan fundamental que los versos que escribo me los dicta entre susurros de viento.
Tan bella.

 

 

Éidos – imagen

Congelada solo en la memoria y resulta imposible capturarla.
Este segundo se te escapa entre los dedos, y el que pasó ya no lo recuerdas.
Sin embargo, lo intentamos. Atrapamos un momento y lo abrazamos.
La risa de un niño, la sonrisa de un padre, el “felicidades” de un maestro.
También coleccionamos visiones: atardeceres, calles, juguetes, fotos.
Una caja llena momentos, de visiones, de recuerdos – exactos o no –.
Y a pesar de todo, a veces parece que es una película vista en tercera persona.
Eso es, una o dos o miles. Todas juntas en sincronía.
Muchas imágenes.

 

 

Scopéo – observar

La miras, dudas si la controlas o te controlas y mientras lo descubres la disfrutas.
Resulta mágica la visión de vivirla e impensable la opción de perderla.
A veces resultamos simples observadores, otras parece que la controlamos.
Evitamos movernos un milímetro para no perder la visión, y atesoramos un segundo en la memoria o en confidencia.
Cuando termina, en un suspiro o un pestañeo, la recordaremos.
Tuya, mía y nuestra. Indudablemente incontrolable e improbable.
Tan bella. Muchas imágenes. La observamos. La vida.

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