Vengo en busca de explicaciones, explicaciones a quien no quiere explicar. Explicaciones a un fenómeno sin nombre, a un gigante sin medidas, a una presencia prácticamente omnipresente. Vengo en busca de explicaciones porque no entiendo su razón de ser. ¿Qué te ha hecho ese pequeño para someterlo al sacrilegio de separarle de sus padres? ¿Qué placer perverso obtienes en corromper al niño inocente y convertirlo en un macho desalmado? ¿Por qué rompiste los sueños de aquella niña que quería ser militar? ¿Cómo consigues ser una de las pocas entidades con presencia internacional, y dedicarte al mal?

Llevamos tiempo posponiendo esta charla porque no entiendo como puedes ser tan impersonal, si fuiste creada por personas para personas y decidimos no ponerte nombre. Me da repulsión tu forma cruel de tratar a aquel hermano que reza a un dios diferente. Detesto como ubicas sin remordimientos a todos en un recuadro y nos pones a luchar por un logro invisible, que luego desvaneces al conseguirlo. Aborrezco lo fácil que expones argumentos retrógrados e ideales sin fundamentos para mantenernos contentos con lo que supuestamente merecemos. Reniego de ese contrato perverso que nos has obligado a firmar y que aceptamos por mayoría con los ojos vendados y sin leer la letra pequeña. Odio la forma simple en la que divulgas mensajes de odio entre labios inconscientes de lo que promulgan. Sangro al ver como absuelves con excusas ridículas a violadores mientras le cortas la lengua a hombres y mujeres que quieren decir su verdad. Lloro mientras veo a familias renegar de su sangre y a muchos renegar de sí mismos, porque les has ensenado que lo que piensan está mal, que a quien quieren está mal, que por lo que luchan está mal.

Nos hincamos antes dioses benevolentes que has convertido en títeres para tu teatro del mal, y que usas como una simple herramienta para trasladar odio y maltrato a través de los mares. Promocionas tus pecados en las mismas pancartas que prometen representarnos y cuidarnos. ¡Cínica! ¡Irónica! ¡Salvaje! Has resultado ser un monstruo disfrazado de erudito. Te sabes vender, eso no lo niego, con valores y costumbres que nos deberían representar a todos mientras cortas con las garras toda cuerda que nos ate a la lógica y al libre albedrio. ¡Infamia! Perteneces encerrada en un libro de historia como eventos específicos de tu larga vida, como una guerra mundial o un genocidio. Sin embargo, caminas libre por las calles de todos los países, contagiándonos.

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