Leíste bien, ya no vale la pena ejercer tu voto si crees que la democracia está   muerta, si no quieres ejercer un cambio o si no crees que un cambio es necesario. 2020 puede ser el año más desastroso que hemos tenido y, cada vez más y más la gente pierde la fe en la democracia. Basta con ver a los líderes que hay hoy en día: Jair Bolsonaro, Donald Trump y Viktor Orban reviviendo una derecha cuestionable, y Alberto Fernández, Pedro Sánchez y especialmente y mi enfoque de hoy, el lamentable presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), representando a la supuesta izquierda del pueblo —¿son acaso estos el resultado meramente de un pueblo ignorante, o de un pueblo que ha sido reprimido y finalmente se ha levantado a votar? ¿O más bien representan una falla sistemática por el sistema electoral?

La respuesta depende de dos cosas: la primera siendo el país del líder en cuestión, y la segunda, el sistema democrático el cual engloba cosas como el sistema electoral, la separación de poderes y las libertades democráticas. Se podría argumentar de cualquier forma: Trump no ganó el voto popular, atribuyéndole la presidencia por una razón sistemática. Pero por el otro lado, el pueblo mexicano que por años fue excluido del poder, reprimido, discriminado, amenazado y hasta ha sido matado, finalmente se levantó. Votaron como nunca, pero los maltrataron como siempre. Desafortunadamente, todas las promesas de campaña se quedaron cortas, y no solo eso, sino que también AMLO le falló a todo México.

Solo lleva dos años en la presidencia, pero este es un breve resumen de sus momentos estelares: quitar fondos a los hospitales de niños dejándolos sin quimioterapias; personas de su gabinete han sido descubiertas con un patrimonio de hasta 69 millones de pesos (2.7 millones de euros) no declarados; quiere quitarle la independencia al órgano encargado de llevar a cabo las elecciones; no acepta preguntas de periódicos “neoliberales” y de los pocos que acepta, solo responde preguntas que le son relevantes; la tasa de feminicidios ha aumentado; quiere rifar el avión presidencial, entre muchísimas más. Pero, con toda su incompetencia, insensibilidad, falta de moral y sobre todo hipocresía y corrupción, todavía hay esperanza. El 6 de junio de 2021 hay elecciones, y no son cualquier tipo de elecciones, se estará eligiendo por toda la república más de 3.000 cargos públicos: gobernadores, diputados federales, alcaldes, síndicos, municipales y regidores. Son las elecciones más grandes de la historia.

Más que nunca, tenemos que votar. Todos los mexicanos de todos los sectores socioeconómicos tenemos que unirnos. A los inmigrantes, acuérdense que el presidente se negó a hablar con ustedes en EEUU y no veló ni velará por sus intereses. A los ambientalistas, AMLO canceló todos los planes federales para invertir en energía renovable y apoya activamente el uso de combustibles fósiles, además de llevar a cabo el Tren Maya que acabaría con lo poco de selva que queda en el sur del país. A los afectados por el COVID-19: no supo actuar y mienten en los números. Y finalmente, a todos los que todavía creemos en la democracia: México luchó muchos años por mejorar su democracia, el Instituto Nacional Electoral es una agencia independiente del gobierno que asegura y garantiza unas elecciones de calidad por lo tanto no puede pasar a las manos del legislativo ni del ejecutivo.

Recordemos que AMLO puede llevar a cabo todas sus ideas porque tiene mayoría absoluta en la Cámara de Diputados federal; esto tiene que cambiar, y tiene que cambiar ya. Tu voto va a valer más que nunca, y si vives fuera, crea tu cuenta por el portal de la embajada de México del país en el que estés y agenda tu cita para cambiar la dirección de tu identificación y darte de alta para que puedas votar por correo. Más que nunca, los mexicanos tenemos que estar unidos para mitigar el impacto de lo que queda de la presidencia. Juntos, podemos salvar a México.

 

 

 

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