En un mundo donde solo hay opciones y más opciones,
una niña y su abuela,
todos los miércoles
escuchaban sus favoritas canciones.
De vez en cuando, su abuela escuchaba las curiosidades de la niña.

Un día,
la niña entendió que en toda su vida habían tenido dos opciones:
Estudiar o jugar,
gatos o perros,
helado o chocolate.
Siempre había algo por lo que decidir.
La niña cada vez más fastidiada
prefirió dejar de tomar decisiones por el resto de su vida.
Pero el miércoles llegó, con la visita de la abuela, que no se canceló.
Esta era su oportunidad de
preguntar o no preguntar.
Tenía la duda del por qué debía tomar tantas decisiones.

Entonces,
justo cuando su abuela iba a poner sus favoritas canciones,
Su nieta la tomó de la mano, y
le dijo:
“¿Abuela, por qué siempre tengo que decidir entre dos opciones?”
Su abuela con muchas emociones,
miró a su nieta,
a su niña, y le preguntó:
“¿Tú me amas?”

La niña no dudó ni un solo minuto.
La miró con sus ojos llenos de amor, y
le dijo:
“¡Sí!”
Estaba claro de que tenía dos opciones:
Sí o no.
Entonces, su abuela le dijo:
“Eso,
mi niña,
se llama libertad, y
es lo más valioso que puedes tener”.

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