Cuando el mundo conoció por primera vez la existencia del COVID-19, pocos imaginaban las repercusiones que tendría en un futuro en el mundo. Si bien todos los países fueron golpeados de sobremanera por esta enfermedad, las consecuencias sociales y económicas pueden llegar a ser más visibles en determinados lugares, como Latinoamérica.

Durante el primer tercio del año, fueron pocos los países que no impusieron un confinamiento obligatorio a sus ciudadanos para evitar la propagación del virus. Esto forzó a que el mundo laboral deba acoplarse a un nuevo funcionamiento donde todo se manejaba a través de llamadas, videoconferencias y reuniones virtuales. Aunque esto ayudó a que las economías nacionales no colapsasen por completo, hubo ciertos sectores que se vieron más afectados que otros y cuyas consecuencias están siendo presenciadas hoy. 

Una de las áreas con mayor impacto ha sido la educativa. Cuando los distintos gobiernos del mundo decretaron que la población se confine indefinidamente, a mediados de marzo, tanto guarderías, como colegios y universidades se las arreglaron para dar continuidad a sus planes educativos y no paralizarse por completo. No obstante, después de finalizar el año escolar, varios centros tuvieron que tomar medidas como despidos masivos, con el propósito de no quebrar. ¿La consecuencia? Miles de maestros, profesores y staff se han quedado a la deriva sin trabajo alguno que cobije sus preocupaciones económicas en un momento, ya de por sí, crítico.

Esa es la realidad en Colombia, Perú, Argentina –cuyo gobierno dará por terminado el confinamiento el 20 de septiembre, posicionando al país como el segundo con la cuarentena más larga del mundo, 184 días–, y el resto de los países de la región. Además, debido a que varios países como Chile, Bolivia y Ecuador no han autorizado el regreso a las clases presenciales, a diferencia de países como España, son varias las familias que han optado por la modalidad del “homeschooling”, profundizando aún más el impacto sobre los centros educativos tradicionales.

Al mismo tiempo, en ciudades de gran peso económico como Lima, Quito, Bogotá o Buenos Aires, no es inusual ver grandes cantidades de locales que se alquilan o venden; pues, simple y sencillamente, los negocios que solían funcionar en dichos establecimientos ya no cuentan con la posibilidad económica de seguir pagando el alquiler. Si bien los gobiernos lo niegan, todo apunta, de acuerdo con la realidad que atraviesan millones de familias, a que la cadena de pagos se ha roto, indiferentemente del país. Ahora, además de un impacto socioeconómico, puesto a que el virus se dio a conocer por primera vez en China, la antipatía y xenofobia ante asiáticos en el continente también ha incrementado.

Finalmente, mientras el mundo espera con ansias la producción eficaz de una vacuna que proteja al mundo del virus, las consecuencias del mismo no tienen vacuna, imposibilitando determinar con claridad qué pasará con la economía y con las difíciles circunstancias que atraviesan todos los países latinoamericanos.

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