¿Aprueba el Proyecto de Constitución? Esta fue la pregunta que se le hizo a todo el electorado español un 6 de diciembre de 1978, actualmente celebrado como el Día de la Constitución. Un 88% de la población dio un rotundo Sí, que dejaba atrás casi 40 años de dictadura. Un sí que formó parte de la que hoy es recordada como la época de la transición. Un sí que posibilitó la llegada de la democracia a España y permitió al rey emérito, Don Juan Carlos I de España, aprobar la Constitución el 27 de diciembre de ese mismo año.

Con motivo de este día, todos los 6 de diciembre, los centros educativos como IE University cierran sus puertas para permitir la conmemoración de los hechos previamente explicados, pero pocos jóvenes españoles tienen presentes las motivaciones o la importancia histórica que se hallan detrás de tal día.

La Constitución española es una de las constituciones más jóvenes del panorama europeo. La responsabilidad de supervisar exhaustivamente la redacción de la Constitución fue llevada a cabo por nada menos que Camilo José Cela, ganador de Premio Nobel de Literatura. Además, me gustaría destacar cómo la Constitución española fue fruto del consenso y el esfuerzo de los diferentes partidos que protagonizaron el panorama político de aquel entonces, algo que parecería impensable en el escenario político actual, fracturado y polarizado.

Por último y no por ello menos importante, la Constitución española dio lugar a una España nunca vista antes, un Estado social y democrático de Derecho regido por el principio de soberanía nacional y que inauguró la monarquía parlamentaria como forma de gobierno, aún vigente a día de hoy. Desde mi punto de vista, los españoles somos muy poco propensos a valorar la suerte que hemos tenido y el ejemplar curso tanto de nuestra transición como del asentamiento de la democracia en nuestro país. En febrero de 2019, España repitió como uno de los estados más libres del mundo, según el informe anualmente publicado por la organización Freedom House. Además, dicho informe fue publicado tan solo unas semanas después de que The Economist ubicase a España entre los veinte países considerados “democracias plenas”. Evidentemente ninguna Constitución es perfecta y, a ojos de muchos, aún existen deficiencias, lagunas o términos y fórmulas vagas que modificar en la Constitución española, pero creo que ello no ensombrece ni siquiera un ápice las garantías que ésta nos brinda con claridad, precisión y éxito en nuestro día a día.