La incertidumbre sobre el COVID-19 y la economía global siguen creciendo. Va a ser un año lleno de cambios, con una posible vacuna para combatir la pandemia actual o un nuevo presidente en Estados Unidos. Sin embargo, para el Ecuador los cambios también son esperados; pues, este febrero se celebrarán las elecciones presidenciales y, de ser necesario, en abril se llevará a cabo la segunda vuelta electoral.

Las elecciones generales del 2021 serán todo menos normales, puesto que el presidente que asuma la presidencia no sólo tendrá que manejar la crisis económica y sanitaria que el país enfrenta. También deberá reconciliar a un país en el cual los recuerdos de las manifestaciones de octubre de 2019 siguen presentes y siguen causando división social en la población.

Por ahora, nombrar al candidato que asumirá esta dura tarea es arriesgado e incierto; serán 17 los candidatos que estarán en la papeleta electoral y por el momento, Guillermo Lasso lidera los sondeos con tan solo un 26.1% de intención de voto, de acuerdo a CEDATOS, la encuestadora con mayor porcentaje de acierto en elecciones anteriores. Será la primera vez que una papeleta electoral cuente con tantos nombres para elegir al Presidente de la República, aunque 3 son los que se perfilan con más posibilidades de llegar al Palacio de Carondelet: Guillermo Lasso, Andrés Arauz y Yaku Pérez.

Para Guillermo Lasso, de 64 años, del partido de centroderecha CREO, será el tercer intento para hacerse con el poder. Si bien en las elecciones anteriores en 2017, llegó a la segunda vuelta frente a Lenin Moreno y llegó a acusar un fraude electoral, puede ser que ésta sea la ocasión en la que resulte vencedor. Con este propósito, y proponiendo concebir la economía y la salud como ejes centrales de su plan de gobierno, ha escogido al doctor Alfredo Borrero como su binomio, enfatizando en que la salud ya no será simplemente delegada al ministro correspondiente, sino directamente asumida por la Vicepresidencia. Asimismo, en las elecciones pasadas, la falta de coaliciones entre partidos de derechas evitó que hubiera un consenso entre la población y el voto acabó dividido. Por este motivo, junto con el Partido Social Cristiano, han decidido aliarse para unir a los dos partidos políticos de derechas más importantes del país bajo un mismo candidato presidencial.

Andrés Arauz, por el otro lado, era un desconocido hasta hace pocos meses; nunca había estado activo en la política ecuatoriana aparte de dos cargos públicos que ocupó como ministro por un breve periodo de tiempo en el gobierno de Rafael Correa. Sin embargo, fue el mismo expresidente quien propuso una estrategia Kirchnerista para volver al poder: nombrar a alguien más como candidato presidencial y postularse como su vicepresidente. Ahora bien, esta intención inicial no prosperó debido a que los candidatos deben registrarse de manera personalísima en el Consejo Nacional Electoral, y puesto que Rafael Correa se encuentra en Bélgica como prófugo de la justicia ecuatoriana, se invalidó dicho binomio. No obstante, como reemplazo de Correa, Arauz ha nombrado a Carlos Rabascall, también cercano a Rafael Correa, como su compañero de papeleta, bajo la bandera del partido Frente Unión por la Esperanza. Su plan de gobierno consiste en alejarse totalmente del FMI y sus políticas “neoliberales”, al igual que lograr un estado de mayor igualdad y reactivación económica a través de impuestos y sanciones para todos los ecuatorianos que tengan capital producido en Ecuador, fuera del país. Por ser el “elegido” de Correa y la estrecha relación entre ambos, este candidato de 35 años se posiciona en segundo lugar de las encuestas de CEDATOS con el 19.7%.

A diferencia de Arauz, Yaku Pérez no es un personaje político desconocido para los ecuatorianos. En 2015, este dirigente indígena fue partícipe de unas protestas contra las enmiendas constitucionales aprobadas el mismo año, y recibió un espaldarazo de un gran sector de la población cuando fue detenido arbitrariamente, por orden del Presidente Correa, junto a su pareja Manuela Picq, quien debió huir del país después de que Correa le retirase su visa inmediatamente. En el 2017 cambió su nombre de Carlos Arnulfo a Yaku Sacha, que significa “agua del monte” en quichua, y en el 2019 fue uno de los líderes de las manifestaciones violentas que se llevaron a cabo en octubre, en contra de la eliminación del subsidio de gasolina. A raíz de estas últimas manifestaciones, su figura no es nada menos que polémica; pues de recibir apoyo en el 2017 de la mayoría del país, ha pasado a ser odiado por la mayoría y apoyado por muy pocos. No obstante, su presencia en la papeleta no pasará desapercibida pues será el representante indígena por el partido Pachakutik y su plan de gobierno se centra en hacer del Ecuador una potencia ecológica, enfocándose en propuestas agroecológicas y educativas, dejando de lado la salud y la economía. Por estos motivos, Pérez de 51 años se ubica entre los tres candidatos con mayor porcentaje de intención de voto con el 13.1%. 

Sobre los otros candidatos poco se puede decir. Hay un expresidente, un dirigente deportivo, y una gran cantidad de políticos que han inscrito su candidatura con el simple propósito de mantener vivo a su partido político. Debido a que la ley electoral en Ecuador establece que un partido deberá, obligatoriamente, participar en elecciones para mantenerse vigente, son varios los que inscriben su candidatura sabiendo que las posibilidades de ganar son nulas pero que lo hacen como consecuencia a esta ley. No obstante, consultores políticos como Santiago Nieto consideran que cada uno de estos candidatos confía en que tiene posibilidades reales para hacerse con el poder y establecer su propio plan de gobierno.

Es bajo este contexto, en el cual el candidato con mayor proyección de voto tiene 26% y el tercero tiene 13%, que el Ecuador deberá escoger a su próximo presidente. ¿Tendremos un presidente que abogue por el libre mercado, uno que se distancie del capitalismo y se aproxime nuevamente al socialismo del siglo XXI, o un ecologista que cree en el ecosocialismo? Todavía es pronto para responder esta pregunta. Lo único que sabemos con certeza es que más que una elección presidencial, parece un campeonato de fútbol en el que 17 equipos intentan hacerse con el trofeo. 

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