Una legislatura en España dura 4 años, lo que quiere decir que, si todo transcurre con normalidad, los españoles deberían acudir a las urnas una vez cada 4 años para votar en las elecciones generales y elegir a quiénes quieren como sus representantes tanto en el Parlamento como en el Senado. Sin embargo, tras las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, ha habido otras “3 elecciones generales, dos presidentes, una moción de censura y más de 400 días de Gobierno en funciones”. La sociedad española empieza a estar muy cansada de la incapacidad de su clase política para llegar a acuerdos y gobernar. La repetición de elecciones, debida a la parálisis política, decepciona, enfada o preocupa a más del 90% de los españoles”: es la conclusión de un sondeo de 40dB. para El País.  

Puede que a primera vista parezca que unas nuevas elecciones simplemente siembran desesperación o enfado entre la población, pero se trata de mucho más que eso. El bloqueo político, legislativo y económico entre muchos otros se ha instalado en España, un país europeo y de importancia central para Latinoamérica, en un momento histórico en el que no se puede permitir incertidumbre y requiere de decisiones firmes y consensuadas de cara a desafíos como el Brexit o la legislatura del presidente Trump en Estados Unidos. De cara a la inversión internacional, es feo ser un país ingobernable”, opina Juan José Toribio, profesor del IESE y economista con experiencia en el Banco de España, el Ministerio de Economía y el FMI.  

Por último, y a mi modo de ver, esta reiterada vuelta a las urnas empieza a desalentar a los jóvenes españoles. La fe en el sistema político y democracia españolas se resquebraja por cada vez que se debe votar otra vez y sería una tragedia, que una de las mejores y más prósperas democracias del mundo pierda la credibilidad de su sociedad civil. Varias personas, entre las que me incluyo, consideran una tragedia el que la ciudadanía no acuda a las urnas, aunque respetemos la decisión libre de cada uno de no ejercer su derecho al voto. Muchos otros ciudadanos del mundo desearían poder hacerlo en sus países, que su voto fuera válido y dichos resultados fueran legítimos. Los españoles tienen la oportunidad de poder hacerlo, pero si la clase política continúa comportándose de este modo, dentro de poco empezaran a no valorar la suerte que tienen y no les culpo.