De acuerdo con el Artículo 28 de la Convención de los Derechos del Niño, cada niño, niña y adolescente tiene derecho a la educación en condiciones de igualdad de oportunidades, y es obligación del Estado asegurar por lo menos la educación primaria gratuita y obligatoria. No obstante, año después de la pandemia, el COVID-19 continúa suspendiendo la educación de más de 137 millones de niños en América Latina y el Caribe. 

Los niños de la región ya han perdido un promedio de 4 veces más días de escolarización en comparación con el resto del mundo. Mientras que las escuelas se están reabriendo gradualmente en varias partes del mundo, la gran mayoría de las aulas siguen cerradas en toda la región. Más de ⅓ de todos los países de América Latina y el Caribe aún no tienen una fecha para la reapertura de las escuelas.

En una región caracterizada durante mucho tiempo por altos niveles de desigualdad, el COVID-19 ha exacerbado las profundas desigualdades en la disponibilidad de educación. Debido a la falta de acceso a la tecnología, Internet, apoyo de los padres o incluso un escritorio para estudiar, a los niños más pobres y vulnerables a veces les es imposible seguir aprendiendo desde casa.

¿Cómo afecta la falta de educación a los niños y niñas de Latino América? 

Cuando los niños no pueden ir a la escuela, son privados de algo más que de su educación. Sin un horario escolar estructurado, los niños pierden su rutina y no pueden socializar con sus amigos. Algunos dependen de los programas de alimentación escolar y, por lo tanto, se perderán lo que puede ser su única comida nutritiva del día. 

En términos de bienestar, la falta de educación promueve la explotación masiva de personas en una nación debido a que muchas personas deben recurrir a trabajos increíblemente peligrosos que no requieren un título o certificación alguna para obtener un ingreso mínimo e insuficiente para sobrevivir. La educación puede proporcionar un trabajo seguro y digno, pero sin ella, las personas recurren al trabajo industrial, la prostitución e incluso al matrimonio infantil. 

De manera similar, es importante comprender cómo la falta de educación puede tener consecuencias en las generaciones futuras. Los niños a menudo dependen de sus padres cuando se trata de su propia educación; sin embargo, puede ser bastante difícil para un padre ayudar a su hijo si nunca tuvo acceso a la educación, ya que sin habilidades desarrolladas, el adulto no puede ayudar al niño y, sin una capacitación adecuada, le será difícil trabajar. Un buen empleo resulta en que una familia cuente con los medios necesarios que promueven el bienestar del hogar y garantizan que los menores de edad obtengan la educación necesaria para superarse en el futuro. 

En términos de desarrollo de un individuo, como se mencionó anteriormente, la educación a menudo determina la empleabilidad. Los empleadores utilizan estas credenciales para diferenciar a los solicitantes y categorizar las habilidades de cada persona. Es por esto que, cuando una persona carece de ellas, se encuentra en una desventaja abrumadora para su desarrollo tanto profesional como personal. Sin acceso a la educación, las personas son más propensas a permanecer al final de la lista cuando se trata de obtener un trabajo. Incluso un diploma de escuela secundaria puede abrir muchas oportunidades de empleo. 

Asimismo, la falta de acceso a una educación adecuada pone a una persona en riesgo de caer en la trampa de la pobreza. La trampa de la pobreza implica la incapacidad de escapar de la pobreza debido a la falta de recursos. Esto también puede conducir a una brecha de pobreza intergeneracional, lo que significa que los hijos de aquellos que ya están en la trampa también tienen más probabilidades de estar en riesgo. La educación proporciona la capacidad de acceder a los conocimientos necesarios para ganarse la vida. Sin ella, es difícil escapar de la trampa. 

La presencia del COVID-19 en los sistemas educativos en Latinoamérica

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) publicó este miércoles el informe ‘COVID-19 y el cierre de las escuelas’, en el que asegura que en América Latina los colegios han tenido el periodo de cierre más largo del mundo debido a la pandemia.

En el cual se resaltaron las siguientes cifras: 

  • El COVID-19 está privando al 97% de los estudiantes de América Latina y el Caribe de su escolaridad normal (137 millones de niños).
  • A pesar de los esfuerzos del gobierno, solo 1 de cada 2 niños de escuelas públicas tiene acceso a educación a distancia de calidad en el hogar, en comparación con 3 de cada 4 niños de escuelas privadas.
  • Es posible que más de 3 millones de niños nunca regresen a la escuela, mientras que es probable que la matriculación escolar de los estudiantes por primera vez disminuya en más del 1,8%.
  • El cierre de escuelas podría costarle a la región hasta 1,2 billones de dólares en ingresos eventuales de por vida de los niños que ahora se ven privados del aprendizaje formal.

Es lamentable ver cómo el COVID-19 está aumentando la cifra de jóvenes sin acceso a una educación de calidad. Esta problemática durante el pasado año ha causado que los niños y adolescentes de la región sean más propensos a la inestabilidad en sus vidas y menos capaces de avanzar, lo que amenaza su capacidad de construir un futuro mejor para ellos mismos y sus comunidades.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here