Bajando las escaleras del emblemático Palacio de Comunicaciones en el corazón de Cibeles, se esconde entre efectos claroscuros y paredes rojas y azules, una cápsula de la fascinante historia de Japón. El miércoles 26 de enero, tuve la oportunidad de visitar esta joya cultural junto con mi clase antes del cierre de la exposición, y por si no fuera poco, guiados por Cristina Nualart, historiadora de arte y miembro de Gia, grupo de investigación de arte asiático basado en la Universidad Complutense de Madrid. A pesar de la riqueza de esta exposición, una experta al lado te hace ver la riqueza del mundo mismo. 

La historia comienza con la unificación de Japón a principios del siglo XVII, un punto de partida para florecer económicamente que desenlaza una clase burguesa nueva, cuya cultura se terminará caracterizando por su hedonismo y volatilidad: es el ukiyo ‘el mundo flotante’. 

La exposición presenta grabados de esta burguesía llamados ukiyo-e, xilografías de técnicas sofisticadas que consiguen efectos de color entonces desconocidos por el mundo Occidental. El arte continúa introduciéndonos al y al Kabuki, las dos versiones del teatro japonés, uno siendo más clásico y el otro siendo más transgresivo. No obstante, los dos se caracterizaban por sus máscaras teatrales y por su audiencia aristócrata. 

Siguiendo la tradición del arte, cada época tiene su foco de fascinación, y en el caso del ukiyo-e, se llamaban bijin. ‘Mujer hermosa’, ‘mariposas de la noche’, así de poéticamente se les llamaban estas anfitrionas que encapsulan la elegancia y belleza idealizada de la burguesía japonesa, cuyos talentos incluían bailar, conversar e interpretar instrumentos. 

El ukiyo-e es opulencia, lujo y sofisticación, pero abarca muchos aspectos de la vida, como hace el shunga o las imágenes de primavera es su versión íntima y sexual, explorando “la amplitud el erotismo”. El amor es desde luego predominante en la historia de Japón, pero no solamente el amor a la mujer hermosa, sino el amor a lo sublime, delicado y armonioso. Lo cuál se convierte en el denominador común de cada una de las obras.

Esta descripción también es aplicable incluso cuando el tópico no es tan romántico, como es el de la guerra. Nos presentan las xilografías del Musha, el guerrero heroico, que a lo largo de los siglos se transformará en el samurái (el que sirve). Flechas en el aire, dragones, armaduras aparatosas, posturas belicosas: el énfasis en el honor es inequívoco. 

Una de las joyas de esta exposición son los dibujos de Katshushika Hokusai, autor de la estampa icónica “La gran ola de Kanagawa”, (cuya pieza no está en la exposición) entre ellos pudimos admirar algunos grabados de su serie «Cien vistas del Monte Fuji». A pesar de la abundancia de los ukiyo-e, los artistas de Japón no dejaron de innovar, experimentando con Kakemono, dibujos sin enmarcar de formato alargado y en papel sobre seda o damasco que se podían colgar como decoración. 

Así como el arte japonés influenció profundamente el arte de Europa a finales del siglo XIX. Este intercambio de ideas también dio a experimentar con la libertad creativa por parte de artistas japoneses, que desarrollaron movimientos como Shin Hanga o Sosaku Hanga. La exposición también incluye ejemplos de grabados contemporáneos, de los años 1950 a 1990, que manifiestan la evolución creativa de la larga historia del grabado japonés, y termina con grabados que hacen referencias al sintoísmo, la antigua religión de Japón y al budismo, que se propagó posteriormente. Además, algunas fotografías tempranas, pintadas, que emulan el estilo de los ukiyo-e son desplegadas. El ukiyo-e empezó a desaparecer poco a poco, pero dejando huella de la complejidad y los logros extraordinarios de esta cultura mágica. La oportunidad de visitar esta exposición que invita a conocer una cultura distinta a la del Occidente es central en el ethos del departamento de Humanidades del IE, que nos ha facilitado amablemente esta visita guiada. Por ello, os invito a que la próxima vez que veáis una exposición que os despierte algo de interés, no dudéis en compartirla con vuestra clase y la universidad. Porque al final del día, el conocimiento es inútil si no se comparte. 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here